El verdugo es una película española tragicómica y de comedia negra de 1963 dirigida por Luis García Berlanga. Fue rodada en blanco y negro y actualmente es considerada un clásico del cine de su país.
Argumento
Amadeo (José Isbert), el verdugo de la Audiencia de Madrid, conoce a José Luis (Nino Manfredi), un empleado de pompas fúnebres
que va a recoger al preso que Amadeo acaba de ajusticiar. José Luis no
encuentra novia, pues todas las chicas huyen de él cuando se enteran de
que trabaja en una funeraria. La hija de Amadeo, Carmen (Emma Penella),
tampoco encuentra novio, ya que todos sus pretendientes escapan al
enterarse de que su padre es verdugo. Carmen "atrapa" a José Luis
quedándose embarazada. El patronato va a conceder a Amadeo un piso por su condición de funcionario,
pero Amadeo sabe que eventualmente lo perderá, porque en el momento de
la entrega ya estará jubilado. Carmen y su padre engatusan a José Luis
para aceptar el cargo de verdugo y conservar la vivienda, asegurándole
que no tendrá que matar a nadie. Cuando llega una orden de ejecución en Mallorca,
José Luis, horrorizado, quiere dimitir, aunque eso signifique perder el
piso y devolver las nóminas cobradas. Nuevamente Amadeo y Carmen lo
lían para que espere al último momento, pues el reo está enfermo y se
moriría solo. Finalmente, en una escena memorable, José Luis es llevado a
rastras al garrote vil, como si fuese el condenado y no el verdugo.
Temas
Junto a Bienvenido, Mister Marshall y Plácido, El verdugo
es una de las mejores películas de Berlanga y para muchos, una de las
mejores películas del cine español. Es en parte un alegato contra la pena de muerte y en parte una recreación irónica de las contradicciones de la España franquista, realizada en plena era del régimen. Destacan en el film las actuaciones de José Isbert en su papel de verdugo, Nino Manfredi y Emma Penella.
Hechos reales
La escena final se inspira en la ejecución de Pilar Prades Expósito, la "envenenadora de Valencia", llevada a cabo por el verdugo Antonio López Sierra. Curiosamente, años después José Monero
también aceptó el puesto de verdugo convencido de que no tendría que
ejercer y quiso dimitir cuando fue requerido para la ejecución de Heinz Ches, que finalmente llevó a cabo.